Despreciable San Valentín:


Querido hijo de puta,

Iré directo al grano porque estoy que bufo por decirte que me enchilas, que te odio, que eres un bastardo, un ojete, un ángel con pañal ridículo, que para empezar nunca has tenido nada de valiente. Te escribo esta anti- carta y me importa un dildo que no seas Santa, ni Oliverio Girondo, ni el amadísimo Nicanor Parra. Creo que ya he soportado tus estupideces lo suficiente, como para tener consideraciones contigo. Justo al iniciar la carta, me preguntaba si estaba siendo muy duro con un ángel incontinente pero me acordé de todas las veces que la has cagado conmigo y cómo he tenido que aguantarme a lo macho (tipo la Conchita Wurst) para no llorar como una ridícula por el peligro inminente de convertirme en virgen de nuevo.

Y escribo y lo más cabrón de este asunto es que nadie se atreve a hacer algo para que dejes de joder la vida de los que se enamoran hasta las nalgas, hasta las cenas con velas románticas en la playa, hasta los peluches, hasta las enfermedades venéreas, hasta la muerte en el puto mar o hasta ser una ridícula que termina bebiendo arsénico coaccionada por el asqueroso batir de tus alas o hasta convertirse en una rebelde que prefiera el veneno de cobra o la sobredosis de heroína, cocaína y cuánta mierda tóxica sea posible.

¿Acaso es una ventaja contar con un puto par de alas maricas? Lo cierto es que cierro los ojos y entonces soy un boiler descompuesto con ganas de explotarte en la jeta porque no entiendo cómo es que hasta ahora no exista un grupo minoritario que se declare victimado por tus flechas, palitos Made in China, guarros, fayuqueros. No entiendo por qué seguir calladitos, haciéndonos los valientes, haciéndonos como los que no, como los que sí somos fuertes, me caga que seamos tan cobardes y la paradoja de que existan grupos proveganos, defensores de los animales, protectores intrépidos de la leche de cabra, adoradores magnánimos del travestismo y los tacones de charol, defensores acérrimos de la pizza con queso y sin pepperoni y cuánta chingadera de minorías exista, pero que no exista un grupo de gente mancillada por tus flechas chuecas, es de emputarse, de ponerse triste, de escribir esta basura de carta para aguantar vara unas veces más, de dejar de escribirla y lanzarme al sórdido Zacazonapan* y pensar en el Niño Parra y aquel poema que dice: /Ya no me queda nada por decir / /todo lo que tenía por decir / /ha sido dicho no sé cuántas veces./



*El Zacazonapan, mejor conocido entre la raza intrépida como el “Zacas”, es uno de los bares underground de la Zona Norte de Tijuana. En él puedes beber barato, fumar bien suave y pasar desapercibido o ser  feliz mientras escuchas la rockola o a las bandas chidas del lugar.

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